Detrás de los signos |
I
" Espiral de trasparencias.
Se abisma
el jardín en una identidad
sin nombre
ni sustancia.
Los signos se borran, yo miro la claridad."
Octavio Paz (1) |
Es la compleja simplicidad del trabajo loque otorga fuerza a esta
poco usual serie que Andrés Giles ha denominado “Complejidad”:
en ella, la generación y complejidad de vectores, laboriosa capa
sobre capa de materia, va construyendo más que su arquitectura,
un invisible tramado, que significa al mismo tiempo descorrer los
velos de la oscuridad, impidiendo la pérdida de fe en la pintura
como acto de absoluta confianza en los designios de la
Providencia, habida cuenta de la sembrada y crecida desconfianza
hacia quienes evalúan solo mecánicamente el acto de pintar.
Cual un minero, comienza desde la luz, y se interna en la oscuridad,
o comienza desde adentro, la luz se hace claroscuro, y por medio
de ella accede a la realidad, componiendo a partir de tríadas: (verde,
rojo o azul generalmente). Luego, a través de sucesivos fondos se
van transparentando casi infinitas gamas colorísticas que devienen
de un cobalto, un ocre o un rosa
La luz luce sus trinos, artificios de escenas que no son tales, expresión
que a un tiempo baña y deroga lo fantástico, ofreciendo la penumbra
ominosa de un cielo de abajo, descendido, y en ascenso.
Virtud de alusión indirecta, rumor temeroso de la mancha que se torna
recursivos, empírico y feraz desierto que alcanza la abstracción de una
armonía cuyos conflictos desperezan la esplendidez del conjunto. |
II
“El lenguaje y la ciencia son abreviaturas
de la realidad; el arte, una intensificación
de la realidad”
Ernst Cassirer (2) |
A mi ver particular, Andrés semeja un jardinero que visitara noctámbulo
su jardín privado, enfocando parcelas, y llevando a la tela la luz que se
filtra por entre la fronda; quizás la experiencia no sea lejana a su niñez en
Virasoro, (Provincia de Corrientes), estremecimiento que proyecta una
alta volatilidad de procedimientos pictóricos en forma de manchas,
cincelada composición, proceso de destrucción, creación y renacimiento
al mismo tiempo, propósito – en fin - de interiorizar las “cosas externas “,
deglución del paisaje que le es devuelto en tanto elusión de la cáscara
pictórica que suma óleo, acrílico, esmalte etc., para no ser más
que superficie. xxxx
La fe en el alma del pintor es un movimiento de ese músculo llamado
corazón que no deja de entrenar para afrontar la batalla del lienzo.
Por ejemplo, en “Fondo Azul”·, elementos orientales, que parecen
constituyentes del interior de un templo shinto o budista, perfuman
cierto aire oriental sin detentarlo en demasía, Las sucesivas
aplicaciones rielan templadas, prematuras experiencias del Río
Uruguay y su campo lindante, que, en su pulso gravitatorio, el pintor
devuelve con admirable libertad, soltura, y una sorprendente
madurez pictórica. |
| Osvaldo Mastromauro |
( 1) Cuento de dos jardines, en Ladera Este, Joaquín Mortiz, México, 1969, pág 141.
(2) Antropología filosófica, FCE, México, 1965, pág 214. |
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